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Las últimas estadísticas hablan de más de cien mil abortos en España durante el último año. Un dato que al referirse a través de una macrocifra quizá conmueva menos que saber que Pepita abortó. Pero lo cierto es que más de cien mil Pepitas, Vanesas, Margaritas y otras interrumpieron voluntariamente su embarazo, lo que equivale a decir que más de cien mil niños podrían haber nacido y se cayeron en algún lugar del camino sin llegar a poder abrir los ojos, llorar, sonreír y jugar como sólo hacen los niños. Niños que alegran, iluminan, estimulan y dan razón a la vida de los mayores.
Nos pongamos como nos pongamos y lo miremos como lo miremos, se debe reconocer que perder un niño es una desgracia, es una mala cosa. Y aún más triste si esto se lleva a cabo porque la madre no sabe o no puede sobrellevar la maternidad. Y es necesario darse cuenta de que existen alternativas al embarazo no deseado al margen del aborto, como es la ayuda a los demás para sacar adelante la vida de un niño e incluso la adopción. Hay personas e instituciones que pueden ayudar -como Fundación Vida- y que de hecho colaboran. Pero si no las hubiera habría que crearlas, pues no es de recibo que una sociedad desarrollada y hasta opulenta como la nuestra y que por otra parte no tiene apenas nacimientos para el repuesto generacional, tenga que desechar niños, a través de los dramas personales de más de cien mil mujeres al año. Mujeres que muchas veces quedan marcadas, aunque sólo sea en el interior de sí mismas. Y mujeres, por otra parte jóvenes, pues además de que la mitad de los abortos se dan en chicas entre los 20 y 29 años de edad, el porcentaje de las que lo hacen en la adolescencia y primera juventud crece más, a pesar de que los gestores de sanidad se siguen empeñando en aumentar y aumentar las píldoras del día siguiente y el reparto de preservativos en los institutos. En fin, para qué vamos a andar con más cifras, simplemente se trataba de una reflexión, o un recordatorio de este problema que en el siglo XX no supimos solucionar y que en el XXI tampoco parece que se arregle, sobre todo porque con esas dichosas cifras acabamos sabiendo que los abortos crecen y crecen cada año. -Ángel García Prieto (Oviedo)
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