|
Cínica, irónica, desolada, fue la respuesta de mi joven parienta a los píos deseos para el año que comenzaba: "Y que te traiga un chico bueno con quien casar". "No lo hay", dijo entre risa y ojos llorosos. "Trabajo de día, mi vida social es de noche", aclaraba.
Mi querida muchacha posee toda la información sexual que le ofrece la Generalitat de Catalunya, su tierra, en la versión catalana del letal Quérote de nuestra Xunta de Galicia. Una y otra entidad proporcionan un léxico sexual infinito en el que matrimonio, procreación, abstinencia, amor no figuran. La dimensión que llaman afectiva cabe en un papel de fumar y se reduce al "hazlo sólo si te apetece, que no te obliguen y siempre con preservativo". La moza de referencia, mi allegada, hizo prácticas tempranas con lo que le enseñaron las autoridades públicas catalanas: supo de trasiegos, convivió con un garzón, y ahora le gustaría tener alguien fiel al lado de la cama por las mañanas: "y casarme", añade (como papá y mamá, piensa). Y no encuentra con quien. Tiene treinta y un años, sueldo estable, es mona pero? no encuentra con quien. En nuestros centros escolares se dan muchos mimbres acerca del sexo. Pero no sale un solo cesto. La sola información no da sabiduría, ni criterio. Los monitores amputan la antropología afectiva, la dimensión moral del sexo. Entretanto, 2.485 gallegas cargan desde 2006 con el poso desazonante de un aborto. -Mario Clavell (Santiago de Compostela)
Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios. Por favor ingrese con su usuario o regístrese. |