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“Mi nombre es Gianna Jessen. Tengo 19 años de edad. Soy originaria de California pero ahora vivo en la ciudad de Franklin, en Tennessee. Soy adoptada y sufro de Palasia Cerebral”, dijo esta mujer en su breve intervención en el Congreso de Estados Unidos refiriéndose a enfermedad que le hace cojear notablemente. “Mi madre biológica tenía 17 años y 7 meses y medio de embarazo cuando decidió abortarme por el proceso de inyección salina. Yo soy la persona que ella abortó. En lugar de morir, sobreviví”, continuaba el testimonio de Gianna.
“Mi madre estaba en la clínica y programaron el aborto a las 9 de la mañana”, siguió diciendo Gianna con su relato. “Afortunadamente para mí, el abortista no estaba en la clínica al nacer yo a las 6 de la mañana del 6 de abril de 1977. Vamos, que me apresuré. Estoy segura que si él hubiera estado allí, yo hoy no estaría aquí, ya que su trabajo es terminar la vida, no sostenerla. Hay quien dice que soy un ‘aborto fracasado’, el resultado de un trabajo mal hecho”, dijo Gianna.
La historia de Gianna es la historia de una vida con un final feliz, pero comienza con un largo capítulo triste, sin el cual hoy sería imposible comprender su vida y su propio compromiso a favor de la vida: la historia de Tina. Tina, la madre biológica de Gianna, no sería hoy conocida si no fuera por la tenacidad de Jessica Shaver, una reportera pro-vida norteamericana que no quiso concluir la primera biografía de Gianna -un inspirador libro titulado “Gianna: Abortada… y vivió para contarlo”- sin contar con todas las piezas del rompecabezas. Y para dar con la madre biológica de Gianna –la pieza clave que Shaver no quiso dejar de lado en su reconstrucción biográfica-, no dudó en contratar a un veterano investigador privado para reconstruir pacientemente la azarosa vida de la joven de 17 años que en abril de 1977, confundida y aletargada, llegó a una ciudad de Los Angeles amenazadora e iridiscente para hacerse un aborto que, de haber concluido como estaba previsto -y como concluyen la inmensa mayoría de los abortos- hoy nadie podría contar la historia de Gianna. Tras un paciente trabajo, y cuando parecía que era imposible encontrar la aguja llamada Tina en la inmensidad del pajar norteamericano, en marzo de 1992, el investigador privado se comunicó con Shaver para darle la buena noticia, a la que la periodista casi había renunciado: había encontrado a Tina. Más aún, no sólo la había hallado, sino que actualmente estaba casada, recordaba muy bien todo lo acontecido aquel día del aborto y tras algunos momentos de duda y confusión, había aceptado llamar a Shaver y concertar una cita para aportar su propio lado, el lado faltante del inicio de la historia de Gianna y de las ‘razones’ por las que estuvo a punto de perder la vida. Ambas mujeres se encontraron en un restaurante de la popular cadena Denny's y en medio del provocativo olor de patatas fritas, y así fue como la oculta historia de Tina fue, poco a poco, saliendo a la luz. Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios. Por favor ingrese con su usuario o regístrese. |