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China y la pena de muerte |
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lunes, 14 de enero de 2008 |
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Son muchas las voces que se han levantado contra las ejecuciones que se perpetran en China. El materialismo de sus habitantes, subidos con la política egoísta del hijo único y cuyo fin primero es el dinero, casa con el hecho inhumano e inverosímil de que las balas usadas en las ejecuciones de los presos son facturadas a sus familiares. China es admirada hoy como potencia económica, pero no se reconoce la precariedad en que viven sus pobladores: escasez de agua potable, de servicios médicos, contaminación y la obligación de abortar a los no primogénitos, hacen de este país un lugar detestable y primitivo. Que occidente se niegue a reconocer la gravedad de estos hechos sólo significa una cosa: la insensibilidad se ha apoderado de un mundo en el que tristemente sólo cuenta el enriquecimiento material, enriquecimiento que corre parejo al olvido de las almas que sufren.
-Eva María Catalá (Barcelona)
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