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El aborto provocado es un acto netamente imprudente. En realidad es un paso más de una cadena de imprudencias del ser humano que desembocan en la pérdida irreparable de ese ser humano que es el hijo. Es un acto injusto, porque se elimina una vida, y realizado al mismo tiempo sin fortaleza, porque esta virtud sin prudencia no es tal.
Es bien sabido que hoy predominan las virtudes humanas "blandas", frente a otras más exigentes. Los jóvenes desarrollan la flexibilidad, la generosidad, el optimismo, la sociabilidad o la sencillez antes que las virtudes "duras", ligadas a la fortaleza, como la laboriosidad, la sobriedad o la perseverancia. En realidad toda virtud, o se alcanza con esfuerzo, o no hay tal. Si no costara sería, si acaso, una sombra del actuar virtuoso. Entre las virtudes morales, destaca la prudencia –auriga virtutum– que gobierna a las demás. Una persona que se dirige a abortar, viene precedida de una serie de hechos y circunstancias bien imprudentes, y está a punto de cometer una más, y de grandísimo calibre. Y como no es prudente, muy difícilmente puede ser valiente. Pero hay que añadir que ningún hombre o mujer está desposeído de virtudes. No sólo eso, sino que cualquier mujer u hombre debe avalorarse no sólo por su dignidad humana, sino también porque en alguna virtud siempre es superior a uno, por destrazada que lleve su vida, y de él podemos aprender siempre algo. Hay que encontrar en la persona que procura el aborto esa virtud, junto con otras que se entrelazan, y tirar todo lo posible de ellas, para salir de esa situación. Quien tenga una visión mezquina de su vida, nunca puede desarrollar la fortaleza. Por eso hay que informar, desarrollar virtudes, levantar el ánimo y la autoestima de quien se siente débil o está en una situación de grave imprudencia. El egoísmo es también muy frecuente entre quien está decidida a abortar. La persona que no quiere mejorar, que es egoísta, que busca nada más que el placer, no tiene motivos para desarrollar la virtud de la fortaleza porque es indiferente al bien. Por eso mismo necesita un guía que le conduzca por esas veredas. Tradicionalmente se ha definido la virtud de la fortaleza en dos partes: "resistir" y "acometer". Una mujer que se plantea abortar tiene que descubrir las presiones que se ejercen sobre ella, robustecerse con argumentos e informaciones, y saber plantarles cara, a veces con las distintas ayudas sociales que la sociedad o distintas entidades le ofrecen. A veces es la soledad de abordar un tema grave sin ningún apoyo humano, otras es la falta de libertad, o la indiferencia que crea una situación que a una le desborda. De ordinario, la educación de las virtudes humanas se aprenden en la familia, pero hay situaciones de familias desestructuradas, o de situaciones prolongadas muy deficientes que han llevado a que esas virtudes se difuminen. Entre los vicios que se oponen a la fortaleza está la indiferencia, que causa la falta de temor. Ante la indiferencia, a quien aborta habrá que mostrarse la gravedad del aborto, sus diversas modalidades, la consecuencias personales y sociales que le supone, la profunda huella que este acto deja en toda persona y el cuadro descrito como síndrome post aborto. Si un aborto le resulta indiferente a una mujer, es que no ha tenido a nadie que se lo explique con claridad y crudeza. Pero el temor puede ser otro vicio de la fortaleza. Por eso hay que acomodar ese temor a su justa medida, que es conocer su situación y la responsabilidad que pueden conllevar sus actos. La fortaleza es también acometer. Para alcanzar un bien, sea rebatir algún mal o desarrollar algo en sí positivo, se necesita tener iniciativa, decidir y luego llevar a cabo lo decidido, aunque cueste un esfuerzo importante. En realidad de este modo la persona se reconduce hacia una conducta prudente, que debe abordarse decididamente. En el caso de una aceptación de la maternidad, lo primero es ver ésta como algo bueno y posible. Considerar que hay medios también humanos para ser madre, y llenarse de amor y fortaleza. Especialmente de amor, porque quien quiere algo con fuerza, busca los medios para alcanzarlo. Pero si una mujer se encontraba a punto de abortar, y le informan de la vida que lleva en su seno, y "ve" a su hijo en una ecografía, y lo siente y lo ama, esa vida no se alcanza sin esfuerzo, sin resistir ni acometer. Un acometer que supone un mínimo de fuerza física, pero especialmente una fuerza moral importante. En la Fundación Vida, y como un método espontáneo y eficaz, se propone alcanzar la fortaleza por medios propios mediante la laboriosidad. En efecto, una mujer es libre y despierta su iniciativa mediante el trabajo. Quien quiere abortar, no necesita sólo recibir, sino dar. Dar su esfuerzo a cambio de una retribución justa, alcanzar la normalidad de quien se inserta en el mundo laboral, al tiempo que eso la independiza de las fuerzas que le presionan para la muerte de su hijo. Además el amor es el principal motor de la laboriosidad. Si una trabaja para sacar adelante a su hijo, para formar una familia, su actividad levanta el vuelo hacia un bien que puede ser arduo, pero que también es concreto. Así el trabajo permite amar. La posibilidad de realizar distintos actos de amor, depende de que la persona esté en condiciones adecuadas para amar, que sepa amar, que esté dispuesta a amar. En realidad una mujer supera humanamente la crisis del aborto cuando quiere a su hijo, sale de sí y se da a los demás. Luego la vida continúa, con sus avatares. Pero quien acepta la vida que hay en su seno, trabaja y estabiliza su vida, puede decirse que ha superado la crisis de aborto. En la Fundación Vida tenemos ya una experiencia no pequeña de muchas mujeres que han recorrido todo este proceso y se sienten felices porque han alcanzado algo que sigue siendo muy grande: el ser madre. Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios. Por favor ingrese con su usuario o regístrese. |