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Una imagen puede enseñar muchas cosas. Aquí el gallo le reprocha a la gallina su dolor, su llanto. “¡Fue idea tuya!”, le reprocha. Pero él no sólo no se opuso, sino que ha colaborado en la destrucción de su pollito. El pollito de ambos, el fruto de su amor. La gallina llora por el dolor, mientras el gallo muestra su incomprensión y no hay palabras amables, sino de reproche.
El acto en sí fue malo: impidieron que naciera el pollito de ambos. La gallina llora con un dolor intenso la pérdida: un dolor que es físico, pero si hablara, si pensara, si fuera una mujer, tendría también un intenso dolor moral y espiritual. El gallo ha sido su cómplice. Ha intervenido en la destrucción del “huevo no deseado”. Una intervención mortal. Pero los daños sufridos no son sólo dos. El huevo es el principal afectado, el principal destruido. Al romper el huevo, se rompe la vida futura. Podrá tener la gallina un nuevo huevo, pero ese proyecto de vida ha quedado frustrado, roto. El fruto del amor entre el gallo y la gallina yace muerto, en un charco de clara, junto a una cáscara rota.La fábula es real como la vida misma. Cada día, cada pocos minutos, hay un huevo roto. No lo rompen las gallináceas –que a veces son más humanas que los mismos hombres–, sino las bípedas implumes, muchas veces con la anuencia de su pareja. La Humanidad se ha tornado inhumana, y hemos de explicarnos con gallinas, lo que casi no comprendemos que pase entre los hombres. La Fundación Vida tiene como fin que ese “huevo no deseado”, se convierta en “huevo querido”, en “huevo amado”. De ese modo las lágrimas desaparecen y en las bocas del gallo y la gallina aparecería… ¡una sonrisa! Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios. Por favor ingrese con su usuario o regístrese. |