Según Zhang Weiqing, el desequilibrio de sexos en el país es de 119,5 niños nacidos por cada 100 niñas, y en zonas rurales la proporción es incluso mayor (122,8 por 100).
La situación podría empeorar en el futuro, pese a que en las ciudades chinas ya no exista tanta obsesión por tener niños antes que niñas, y se espera que en 2020 haya unos 30 millones de hombres más que mujeres entre 20 y 45 años.
En una conferencia sobre este grave problema especialmente en el mundo rural, Zhang Weiqing señaló que "todavía hay preferencia por los chicos, ya que la producción agrícola depende sobre todo en trabajadores (masculinos)".
Este responsable de la aplicación de la política del "hijo único" aseguró que el país seguirá su campaña contra las prácticas ilegales de selección de sexo del recién nacido, tales como el aborto cuando se sabe que va a nacer una niña. Además, "se intentará que la gente abandone las ideas tradicionales de preferencia por niños varones", aseguró Zhang.
El desequilibrio de sexos ha traído la falta de esposas en muchos pueblos del país, lo que ha generó un negocio ilegal de compraventa de mujeres, en ocasiones secuestradas y llevadas a contraer matrimonio con hombres que no conocen y viven a cientos de kilómetros de su hogar.
Desde que el Gobierno de la superpoblada China instaurara la política del hijo único, a finales de los años 70, la situación de las niñas en el mundo rural ha empeorado, y ha tenido también como consecuencia el abandono de niñas recién nacidas.
Aunque Pekín asegura que la situación mejora, el desequilibrio aumenta año tras año: 108 varones por 100 niñas en 1982, 111 por 100 en 1990, 116 por 100 en 2004 y ahora 119 por 100.







La política del "hijo único" y el aborto han hecho que China tenga actualmente 18 millones más de hombres que de mujeres en edad de casarse, es decir, de 20 a 45 años. El desequilibrio de sexos en el país es de 119,5 niños por cada 100 niñas, y en las zonas rurales es incluso mayor: 122,2 hombres por cada mujer. A este hecho demográfico, de por sí lamentable, hay que unir el daño moral que ha supuesto la aceptación del aborto provocado durante años, y el síndrome post aborto que, de un modo silencioso pero real, soportan millones de mujeres en el país más poblado del mundo.