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"Fui la mayor de tres hermanos, por lo que debía ser ejemplo en todo: como una estudiante excelente, buena deportista y liderazgo en todo lo que emprendiera. Era como vivir en una constante competencia que siempre debía ganar", recuerda la argentina Cielo Lantini, autora del libro "Abzhurdah", recientemente publicado.
"Recién llegada a la adolescencia, me enamoré de un hombre diez años mayor que yo y llegó a ser un maltratador emocional. Sutilmente me moldeó a su antojo y después me fué descalificando en todo, con lo que lentamente degradó mi autoestima", evoca la escritora que trata los temas de la autoestima relacionada con transtornos de la alimentación, como puede ser la anorexia nerviosa convulsiva. “Un día –sigue recordando–, me dejó. Sin él me sentí perdida, anulada por completo, fracasada y muy angustiada. Uno de esos días salí con amigas y me excedí con el alcohol y alguien me sugirió utilizar mis dedos para provocarme el vómito y mejorar mi estado. Lo hice y funcionó. “Al día siguiente, sumida en la tristeza, sentí que algo me oprimía el pecho y el estómago, así que decidí vomitar a ver si mejoraba; ese acto se convirtió en un hábito que casi terminó con mi existencia. Pero mis padres me rescataron”. Este es una pequeña parte del testimonio que nos ofrece Cielo Latini, quien mientras promociona su biografía lleva a cabo una promoción de la responsabilidad social promovida por la Fundación Mexicana contra la Anorexia y Bulimia Ellen West, que lleva este nombre en recuerdo de una poetisa austriaca a la que se considera la primera mujer víctima de la bulimia. Jovencitas, las víctimas Las mujeres de 16 a 19 años son las que corren mayor riesgo de sufrir estos trastornos de la alimentación. Este padecimiento afecta igualmente a los varones, aunque en porcentaje menor: alrededor de 0,6%, en contraste con 1,8% de las mujeres. La anorexia, como es sabido, se manifiesta cuando una deja de comer o realiza dietas exageradas para bajar de peso. Pero como la anoréxica llega a tener una imagen distorsionada de sí misma, aunque llegue a estar esquelética, siempre se percibe gorda y no desiste en su intento de “aparecer súper esbelta”, aunque su salud se deteriore hasta el punto de ser evidente para los demás. Las consecuencias de este transtorno son la delgadez extrema, debilidad, caída del cabello, huesos quebradizos, amenorrea (o falta de menstruación), piel seca, sensación de frío, daños al sistema digestivo y otros órganos. En algunos casos provoca la muerte de la mujer. Estos padecimientos no siempre tienen que ver con el deseo de aparecer esbeltas para agradar al mundo. Algunos testimonios como el de Cielo Latini dejan ver que a veces se deben a una excesiva autoexigencia, depresión y ansiedad, que pueden dispararse en una situación de crisis en algún momento de la vida, o a una baja autoestima generada en el seno familiar desde la infancia. En estos casos, la paciente está muy lejos de querer ser agradable a los demás; lo que realmente desea es hacerse daño hasta morir. Autoestima significa el amor debido a uno mismo. Un amor que, a veces, decrece por las circunstancias exteriores que se interiorizan. Por ejemplo, es sabido que en muchos casos, el divorcio de los padres reduce la propia autoestima. Una se ve incapaz de detener un conflicto que afecta a la propia familia, y puede llegar a pensar que la culpa es suya, o que no logrará tener una familia normal, o se ve en la encrucijada de juzgar mal a alguno de sus padres, o a los dos. La autoestima también aparece en uno de los cónyuges cuando el matrimonio, o la relación, se deteriora tanto, que llega a la ruptura. El amor debido a una misma –o a uno mismo– se hace endeble, y suele ser una palanca que actúa sobre la búsqueda de una nueva pareja, de una nueva relación. La cadena de transtornos en la relación se prolonga cuando voluntariamente o no–, se busca el embarazo, y una vez conseguido, en bastantes ocasiones el varón la deja sola. Unas veces, porque se ausenta; otras porque no quiere el fruto de esa relación –un hijo–, otras por inmadurez. Y el varón le da la espalda, o se presta al pago del hijo, o al pago del aborto. De este modo se ve culminada la soledad de la mujer. También está constatado cómo después del aborto, la autoestima de la mujer decrece notablemente, también por la culpa que se percibe en el síndrome post aborto, y en algunos estudios se aprecia que son frecuentes los casos de anorexia.Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios. Por favor ingrese con su usuario o regístrese. |