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Existe una concepción ideológica que tiende a negar al embrión la consideración de individuo de la especie humana. Pero tranquilos, que a comienzos del siglo XXI estamos curados de espanto.
Es la posición del evolucionismo de Haeckel: las etapas del desarrollo del embrión (ontogenesis) recapitulan la historia evolutiva (filogénesis). Dicha objeción se apoya en la denominada “ley fundamental biogenética”, según la cual, en cada proceso individual de desarrollo (ontogenesis) se recapitula el desarrollo de toda la especie (filogénesis). El embrión recorre durante su desarrollo, según esta teoría, las diversas etapas de las formas animales inferiores a él antes de que llegue su apariencia humana verdadera. Haeckel hizo suya esta teoría e intentó confirmarla con toda la energía ideológica elevándola finalmente de teoría a ley en la novena edición de su "Historia de la creación natural" de 1866. En el fondo, esta teoría guarda –como ha señalado Jesús Ballesteros– relación con la de la animación retardada que ha sido recuperada recientemente por Laín y Gracia. Sin embargo, Rager ha señalado que de un vegetal no sale ontogenéticamente un ser humano. El genoma de un vegetal no es constitutivo de un ser humano. La embriología, la genética y la misma técnica FIV resalta cada vez más claramente que el embrión humano es, desde el primer instante de su desarrollo, "un individuo de la especie humana", una unidad. El embrión humano constituye una unidad somática humana, un cuerpo humano en las primeras fases de su desarrollo. Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios. Por favor ingrese con su usuario o regístrese. |