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La esclavitud y el aborto |
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lunes, 26 de febrero de 2007 |
La esclavitud y el aborto
RAFAEL CAMPOAMOR. 25.02.2007 Abraham Lincoln, primero como congresista, después como candidato a la presidencia, y finalmente como presidente de los Estados Unidos, luchó tenazmente durante treinta años (1835-1865) para abolir la esclavitud. Los debates políticos y sociales sobre la legitimidad fueron encendidos.
Los favorables a la esclavitud sostenían que debía respetarse lo que opinaba la mayoría de los votantes. Pero Lincoln replicaba diciendo que la mayoría no legitima cualquier decisión, porque ni el 99% de los votos justifica que se prive de sus derechos humanos al restante 1%. Desde la perspectiva del tiempo, hoy el fenómeno de la esclavitud nos parece una barbaridad. La negación del derecho a la libertad de las personas es algo aberrante e inhumano. Algo similar está pasando en estos tiempos con el aborto. La tragedia del nasciturus es toda una odisea. Los avances científicos atestiguan que el embrión es un ser humano. El primer derecho de este incipiente ser humano es la vida. Así hemos comenzado cada uno de nosotros. La vida de los nascituri (inocentes e indefensos) no puede estar a merced del voto de la mayoría. El mal no puede convertirse en bien por alzada de brazo. De acuerdo en que hay que proteger a la mujer embarazada, pero nunca en detrimento de la criatura. Es preciso buscar alternativas al aborto. Bastaría un nuevo Lincoln para ir extinguiendo esta plaga del aborto. Las generaciones venideras nos juzgarán despiadadamente, porque si la esclavitud es mala, el aborto es peor.
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