Después del cambio en la Ley de Reproducción Humana Asistida se permitió dar una salida a los aproximadamente 35.000 embriones congelados sobrantes de procesos de fertilización, eliminando los límites por los que sólo se podía investigar con los que hubieran sido crioconservados antes de la entrada en vigor de la anterior Ley, en 2003. A partir de ese momento, la mujer o la pareja decidían si querían reservarlos para su propia utilidad en el futuro, donarlos, autorizar su uso para investigación o matarlos. En caso de no pronunciarse, la decisión quedaba en manos de las clínicas.
El Institut Marqués se puso en contacto con todas las parejas que pudo localizar en noviembre de 2003 y que tenían embriones congelados sobre los que debían decidir antes de diciembre de 2004.
El 8 por ciento decidió donarlos, el 21 por ciento que continuaran congelados, el 6 por ciento darlos a la investigación, el 2 por ciento descongelarlos y un elevadísimo 61 por ciento optó por el "no sabe, no contesta".
Esos embriones de los que se habían desentendido los progenitores pasaron al Programa de Adopción puesto en marcha por este centro -la diferencia entre adopción y donación es que con la primera se asignan embriones "abandonados" cuyo destino decide el propio equipo médico, mientras que en el caso de la donación, son embriones donados expresamente para este fin por parejas que, tras realizar una fecundación in vitro, no desean tener más hijos-. En total se utilizaron 728 embriones que llevaban una media de entre 6 y 8 años crioconservados a 196 grados bajo cero, de los que 510 sobrevivieron a la descongelación. Al 65 por ciento de las pacientes se les transfirieron dos embriones, al 29.3 por ciento tres embriones y al 5.7 por ciento solamente uno. En total, se obtuvieron un 38.2 por ciento de pruebas de embarazo positivas, de las que el 24.5 por ciento derivó finalmente en embarazo evolutivo, es decir, se logró éxito en una de cada cuatro transferencias.
El resultado final, 52 niños nacidos (el primero de ellos, Gerard, vino al mundo en Barcelona el 2 de septiembre de 2005) y otros 16 en camino (entre ellos doce parejas de gemelos) en parejas que, en el 75 por ciento de los casos, eran estériles, con un historial de infertilidad de ocho años.
En otro 20 por ciento las "adoptantes" han sido mujeres sin pareja masculina en las que habían fallado otras técnicas o se creía que en su entorno social la adopción de un embrión estaría mejor aceptada; y en un 5 por ciento se dieron otro tipo de motivaciones. La media de edad de las pacientes era de entre 38 y 40 años (el tope aceptado se fijó en 45 años) y la más joven fue una mujer de 26 años con menopausia precoz, cuyo marido había sido intervenido de un cáncer testicular. Su hijo tiene hoy cinco meses.
El éxito más espectacular (publicado en la revista científica "Reproductive Biomedicine on line") fue en cualquier caso el nacimiento de un bebé nacido en Girona hace diez meses, procedente de un embrión de cuatro células que llevaba congelado 13 años. En 1992, una pareja procedió a un tratamiento de fecundación in vitro de la que nacieron unos gemelos, pero que dejó 9 embriones sobrantes que se congelaron. En marzo de 2005 se descongelaron 6 para el programa del Instituto Marqués, de los que sobrevivieron y fueron implantados 3, que culminaron en un embarazo de éxito. Los padres no supieron en ningún momento, hasta después del parto, que su "bebé" tenía trece años.
Mientras tanto, los otros tres cigotos restantes continúan congelados como prueba científica. "Esto quiere decir que hay unos gemelos que tienen 14 años, un bebé de diez meses y tres embriones congelados que son hermanos biológicos", destacó como curiosidad el doctor Manel Elbaile, quien precisó lo improbable de que esos hermanos (en este y otros casos) se conozcan alguna vez en la vida, porque se asignan a padres de diferentes CCAA.
Elbaile, que advirtió que "no conocemos los límites en los que un embrión humano puede mantenerse congelado", expresó su deseo de que otros centros españoles desarrollen un programa similar con los embriones que tienen congelados.
De las 228 pacientes que participaron en el programa, el 66 por ciento eran españolas y el 33 por ciento restante extranjeras, procedentes de Italia, Reino Unido, Alemania, Portugal, Holanda, Bulgaria, México y Argentina. La doctora Marisa López-Teijón, jefa de reproducción asistida del Instituto Marqués, explicó hoy que la respuesta al programa fue espectacular, "con cientos de llamadas, e mails y consultas por teléfono y en la clínica".
El precio del programa de adopción fue de 2.200 euros, de los que, según López-Teijón, no hubo beneficio para el centro (por acceder a tratamientos de fecundación con embriones donados se pagan 3.000 ó 3.500 euros, dependiendo de si la madre es española o extranjera).
En muchos casos, la información sobre los padres del embrión congelado de la que disponía el centro era realmente escasa, a excepción de que procedían de mujeres sanas con menos de 35 años y de la raza. Como curiosidad, las parejas francesas hicieron lista de espera por los embriones procedentes de progenitores de raza negra.
López-Teijón explicó que el lanzamiento de este programa de adopción motivó el apoyo de grupos pro-vida en su momento, "lo que para nosotros fue un problema porque pensábamos seguir haciendo fecundación in vitro y eso está fuera de lo que quiere la Iglesia".
Sin embargo, según la doctora Olga Serra, directora del programa, ninguna de las parejas o madres llegó motivada por por un sentido religioso o altruista, sino simplemente por el deseo de tener hijos.
En la actualidad, y terminado el programa con los embriones "abandonados", el Instituto Marqués continúa con los efectivamente donados por sus progenitores. Como curiosidad, con la actual Ley, el 14.2 por ciento de las parejas española consienten en donar como "gesto solidario" los embriones sobrantes el día que ya no quieran tener más hijos, mientras que la tasa entre las extranjeras es del 0 por ciento.
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