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El Tribunal Constitucional consideró oportuno paralizar las obras en el valenciano barrio del Cabanyal, pero no una ley del Aborto de consecuencias irreparables y que va literalmente contra su propia doctrina (en la práctica, sólo doctrina) sobre el nasciturus como bien jurídico protegible. Éste es uno de los argumentos que maneja Luis Antequera en su libro, "Derecho a nacer", en el que enumera los motivos por los que Bibiana Aído y su séquito deberán responder en el futuro.
Así que en julio ha entrado en vigor, y por primera vez matar se ha convertido en un derecho durante el periodo de máxima indefensión de un ser humano. Contra esa injusticia se alza Derecho a nacer, de Luis Antequera, como el primer libro que analiza los orígenes y las consecuencias de una normativa cuya aprobación arrancó carcajadas y abrazos socialistas en torno a la joven ministra Bibiana Aido.
Quien, si un día llega a leer estas páginas y las medita, tal vez lamente que sea su nombre el que quede asociado para la Historia a esta ley. Primero, porque se basa en la mentira. Antequera hace una historia de cómo se ha llegado hasta aquí desde que en los años 70 y primeros 80 se manejase la cifra de 300.000 abortos anuales como razón –si razón fuese- para despenalizarlo, cuando no se superaron los cien mil hasta 2006, veintitrés años después de la ley de Felipe González. Son cifras que espantan y que invitarían a una restricción, y no a lo contrario.
Segundo, porque desde el punto de vista jurídico todo lo que ha rodeado las dos leyes del aborto, la de 1985 y la de 2010, muestra la sumisión del mundo del Derecho al poder político. El autor lamenta los requiebros del Tribunal Constitucional en su primera sentencia, que hizo retoques cosméticos e inútiles y se enredó en teorías sobre bienes jurídicos constitucionalmente protegidos y "valores constitucionales de muy relevante significación", para dar carta blanca a lo que placía al PSOE, que con 202 diputados en el Congreso asustaba mucho a las togas. Mentiras para aprobar una ley
Peor ha sido ahora la intervención del Consejo de Estado, cuyo dictamen atribuye a la madre, reprocha Antequera, "la posibilidad de eliminar la vida de su hijo como manifestación del derecho de la mujer a su intimidad".
Para justificar lo injustificable se ha recurrido a retruécanos que avergonzarían a cualquier tribunal que valorase su independencia y autoestima. Y ¿cuál es el resultado? En Derecho a nacer encontramos datos muy significativos: el 97% de los abortos se hacen alegando la "salud materna" (siempre razones psicológicas para las que basta un certificado), lo que demuestra la escasa consistencia de los requisitos con que los magistrados de 1985 pretendieron garantizar el mismo derecho que desprotegían.
Y, sobre todo, una estadística espantosa: nueve de cada diez diagnósticos prenatales de síndrome de Down acaban en aborto. ¿En qué se diferencia esto de un exterminio eugenésico? ¿De qué se reían exactamente Trinidad Jiménez, María Teresa Fernández de la Vega, Elena Espinosa, Leire Pajín, Carme Chacón o Elena Salgado cuando rodeaban entusiasmadas a la autora del proyecto de ley?
Genocidio de los síndrome de Down Son cosas que no tienen explicación, como que el alcalde de Getafe, Pedro Castro, concediese un premio y reconocimiento público de su municipio a la Clínica Dator, uno de los abortorios más célebres, desechando otorgar el galardón a la madre de Sandra Palo. "Está bien que se les caiga la careta y les veamos el rostro verdadero, para que no puedan seguir diciéndonos que para ellos [el aborto] es un drama", afirma Antequera.
La perspectiva de este texto es multidisciplinar, y no queda un solo punto sobre el aborto sin tratar, desde su condición de lucrativo negocio para quienes se dedican a él, hasta la espinosa cuestión de la firma de la ley por Don Juan Carlos, tanto desde el punto de vista constitucional como desde el punto de vista canónico (ambas perspectivas dieron mucho que hablar en su momento), pasando por las consecuencias que tiene para la víctima secundaria, la madre que aborta, consecuencias cuidadosamente ocultadas por las supuestas defensoras de la mujer.
Por su acopio de información, datos históricos y legislación, y por la importancia de la argumentación recogida, Derecho a nacer es un instrumento idóneo para iniciar la reconquista. El objetivo no admite matices ni medias tintas: en boca del autor, "una sociedad en la que las prácticas conducentes a eliminar al feto en el vientre de su madre desaparezcan definitivamente". Con menos no nos conformamos. Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios. Por favor ingrese con su usuario o regístrese. |