Cuando una mujer embarazada se plantea si abortar o no, tiene que ser consciente de dos cosas. En primer lugar que ya es madre, como lo demuestra el hecho que cuando una mujer embarazada va al médico no pregunta: «Doctor, ¿cómo va mi feto?», sino «¿doctor, cómo va mi bebé?), por lo que su opción no es si quiere ser madre o no, sino si quiere ser madre de un hijo vivo o de un hijo muerto.
En segundo lugar, aunque algunos piensen que el aborto es una solución y que con él se termina el problema, en realidad es todo lo contrario, pues muchísimas mujeres sufren el ya cada vez más conocido síndrome post-aborto, que produce serios traumas, sobre todo psíquicos en la mujer, a veces difíciles de tratar y que, con frecuencia, altera muy negativamente la vida de las parejas y las personas que lo han llevado a cabo o han colaborado con él . El aborto provocado daña a la mujer e introduce más violencia a una situación que de por sí ya era difícil por la falta de amparo, amor, valentía, conocimiento, etc.
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